En Israel, tierra que ha estado en las encrucijadas de la historia durante milenios, las civilizaciones han dejado literalmente su huella en forma de ruinas en cientos de parajes impresionantes. Gracias a la arqueología han salido a la luz estos restos, desde grandes puertas y baluartes hasta delicadas y preciosas piezas de joyería, desde misteriosas inscripciones hasta escondites en cuevas y sistemas de canalización de agua, hallazgos que le dejarán maravillado con los logros de los antiguos sobre cuyas pisadas va a caminar.
Para los arqueólogos de Israel es un privilegio y una pasión descubrir, conservar y mostrar los hallazgos que revelan el pasado multicultural de Israel y la rica historia de las tres religiones monoteístas que arraigaron aquí.
Las maravillas arqueológicas de Israel comienzan por la prehistoria, con los restos de nuestros antepasados encontrados en el Monte Carmelo y en las montañas de Nazaret. Por todas partes encontramos el sello de las Escrituras Hebreas, desde la puerta de tres arcos de Dan, que se remonta a la época de Abraham (Génesis, 14:14), hasta el antiguo pozo de Beersheva, ciudad fundada por el primer patriarca (Génesis, 21:31). Se cree que Tel Tzafit, en la región filistea del centro de Israel era Gat, lugar de origen de Goliat (1 Samuel, 17:4). La exposición de Los Rollos del Mar Muerto y el Santuario del Libro en el Museo de Israel, contienen probablemente algunos de los mayores descubrimientos arqueológicos del siglo XX.
Los hallazgos relacionados con el Nuevo Testamento reviven la historia de Jesús en Corozaín, Betsaida, la Barca de Galilea, la Piscina de Siloé en Jerusalén y más.
Los restos islámicos surgen en monumentos como la Mezquita Blanca en la ciudad de Ramla (siglo VII) y en los edificios medievales aún en uso de Jerusalén y San Juan de Acre, entre otros.
Algunos de estos tesoros han sido declarados Lugares Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, entre ellos los tels bíblicos de Megiddo, Hazor y Beersheva, la Ruta del Incienso y las ciudades del desierto del Néguev, los centros del comercio en la antigüedad, la Ciudad Vieja de San Juan de Acre, las ruinas herodianas y la heroica historia de Massada, además de muchos otros enclaves propuestos.
Los arqueólogos y restauradores de Israel trabajan sin descanso para descubrir estos y otros lugares buscando interpretaciones innovadoras. Los periodos romano y bizantino cobran vida de nuevo gracias a la delicada reconstrucción y los hermosos vestigios que se encuentran en las rutas turísticas de los parques nacionales de Cesarea y Beit Shean. El Centro Davidson, donde se muestra el peregrinaje al Templo, en el Parque Arqueológico del Muro sur de Jerusalén, se construyó cuidadosamente en el sótano de un palacio del siglo VIII. Esculturas sobre temas de la antigüedad adornan las ruinas del palacio del Primer Templo en Ramat Rachel, cerca de Jerusalén. La presentación audiovisual de Beit Alfa muestra al “consejo de la sinagoga” que ha encargado este colorido mosaico a su artista. En Tzippori, actores disfrazados relatan a los visitantes historias de días pasados entre las ruinas, y en Nazaret Village una meticulosa reconstrucción muestra cómo era la vida cotidiana en tiempos de Jesús.
El Museo de Israel, los museos Rockefeller y Tierras de la Biblia de Jerusalén, el Museo Haaretz (parte del cual es una verdadera ciudad filistea antigua) y el Museo Hecht de la Universidad de Haifa exhiben algunas de las mayores colecciones de antigüedades del mundo. Otras recopilaciones arqueológicas más pequeñas, como las de los kibbutzs Galed o Ein Shemer, ponen de manifiesto el amor de los israelíes por las antigüedades en su propio entorno.
Israel le ofrece también la posibilidad de sentir la emoción al descubrir el pasado de Israel trabajando como voluntario en una excavación. Póngase en contacto con la Autoridad sobre Antigüedades de Israel.
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