La Ruta del Incienso, nombre que parece tomado de una leyenda, es la historia del comercio hace 2000 años. Por aquel entonces, a falta de medios de transporte modernos, carreteras y mapas, se desplazaban largas caravanas de camellos por senderos imposibles además de tener que sortear a ladrones y saqueadores. Por esta ruta, que comenzaba en Yemen, cruzaba la actual Arabia Saudí, Jordania y llegaba a Israel hasta alcanzar el puerto de Gaza, pasaban mercancías de gran valor portadas sobre las jorobas de los camellos hasta que se embarcaban en las naves que las transportaban al Imperio Romano, donde las damas de occidente podían disfrutar de los aromas de la mirra y del incienso, degustar las especias orientales y utilizar sal para cocinar y conservar alimentos.
La travesía por la Ruta del Incienso, de unos 2400 km de extensión, duraba alrededor de 6 meses. Las caravanas, con miles de individuos, avanzaban con la característica marcha parsimoniosa de los camellos, pasando por 56 postas en las que se detenían, reposaban, atendían a los animales y recuperaban energías para continuar al día siguiente.
El tramo de la Ruta del Incienso en Israel es de unos 150 km. Hasta nuestros días hay en el Néguev restos del camino y son muchos los excursionistas que salen a recorrer el desierto e intentan reproducir las condiciones de vida de los antiguos mercaderes. La ruta pasaba por varias estaciones o postas, comenzando en Moah, en la región de la Aravá junto a la frontera con Jordania, donde han quedado los restos de una posada, puestos de guardia, parcelas agrícolas, cuevas y almacenes y un acueducto. De allí, y por un camino secundario en dirección Noroeste, la ruta llegaba a Mamshit, donde pueden verse los restos de una gran ciudad que incluye: una posada, casas residenciales, un baño público, cisternas y otros edificios.
La estación siguiente era Avdat, situada sobre una colina elevada. Aquí han quedado los vestigios de una fortaleza, iglesias, un lagar, un "estudio" de alfarería, casas y baños públicos y hasta nichos funerarios. Desde Avdat, la caravana seguía a Shivta, una pequeña ciudad con un desarrollado sistema de distribución de aguas, cisternas, lagares y varias iglesias. La penúltima estación, que es también la más septentrional, era Halutza, donde aún pueden verse los restos de un teatro y de una iglesia. Desde allí, la ruta seguía directamente hasta Gaza. Además de las estaciones principales, a lo largo de la ruta se añadieron varias derivaciones (Katzra, Nekarot, Mahmal y Garfón) y otra posada, Saharonim, de la que quedó un patio rodeado de talleres y baños.
A lo largo de los senderos pueden verse aún cisternas, garitas de vigilancia, lugares de culto, baños y mojones que marcaban el camino. A las estaciones principales: Moah, Mamshit, Avdat, Shivta, Halutza (Elosa) y Khan Saharonim se puede llegar en cualquier tipo de vehículo, pasear e impresionarse con la imponente fuerza del desierto. La ruta propiamente sólo es transitable para vehículos todo terreno, bicis de montaña o a pie, y es particularmente fascinante. La UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad la Ruta del Incienso en el año 2005; Israel invita a sus visitantes al Néguev y la Aravá, a seguir los pasos de las tribus nómadas de antaño y conocer estos mudos testimonios, legado de un periodo turbulento y glorioso.