La región de Besor del Néguev, al oeste de Beersheva, está surcada por el valle más largo de Israel que corre paralelo a la costa del Mediterráneo.
Su paisaje fascinante, que une el desierto con el Mediterráneo, y los enclaves históricos del Israel moderno y antiguo, lo han convertido en una atracción turística.
A pesar de las escasas lluvias de la región, la gente empezó a vivir aquí hace 10.000 años, y los labradores cultivaban cereales en estas tierras hace 5.000 años. Los agricultores israelíes han reverdecido algunas partes de esta región, plantando olivares y naranjales en la árida tierra de loess, y utilizando con sensatez la preciada agua de los manantiales salinos para regar.
Desde finales de diciembre hasta marzo, la lluvia y el tiempo fresco convierten esta zona aparentemente baldía en una alfombra de flores silvestres. El senderismo, el ciclismo y las excursiones en coche por la región permiten ver amapolas, anémonas e, incluso, algún tulipán del desierto de color rojo vivo.
Hay comunidades agrícolas salpicadas por la región de Besor, fundadas por los nuevos inmigrantes de los primeros tiempos de Israel, y con nombres optimistas como Tifrach (“florecerá”), Bitcha (“seguridad”) o Peduiim (“redención”). Gevulot fue el primer asentamiento judío de la región, fundado en 1943. Posee un centro de visitantes en el que se cuenta su historia.
La principal atracción de la comarca son las 354 hectáreas del Parque de Eshkol, con bellas praderas y pozas, fuentes termales, un puente de cuerda de 80 metros sobre el arroyo, y otros atractivos fascinantes.