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Una calle digna de un rey

Casi en cada edificio de la calle Rey David y de sus alrededores encontramos una página de la historia de Jerusalén. ¿Qué mejor manera de conocerla sino a pie?

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El mejor lugar para empezar a pasear por la calle Rey David es donde comenzó la Jerusalén moderna, en el molino Montefiori. Mientras disfruta de la visión de la vieja y la nueva Jerusalén, tal vez le resulte difícil imaginar que en 1860 ésta era todavía la única estructura situada fuera de las murallas de la ciudad. Y desde luego, resistió, sobreviviendo a los árabes, que contrataron a un hechicero para que el viento lo derribara, y a los británicos, que volaron su parte superior en 1948. A pesar de que aún se conserva su impresionante estructura como tributo a sus constructores, el molino de viento quedó anticuado a los pocos años de su construcción con la llegada de la máquina de vapor.

Este molino recibe su nombre del filántropo judío británico Moses Montefiori, aunque los fondos para su adquisición procedieran de un judío estadounidense, Judah Touro, en cuyo testamento legó 50.000 dólares a beneficio de los judíos de Jerusalén. Montefiori fue el albacea de los bienes de Touro. De hecho, éste último había adquirido la calle principal del barrio burgués adyacente de Yemin Moshe que recibió su nombre, y que descubrirá al pasear por allí.

Antes de regresar a la ajetreada avenida Rey David, disfrute caminando por la franja de parque público que transcurre en paralelo a la calle. Encontrará unas magníficas vistas de las murallas de la Ciudad Vieja, desde la Puerta de Jaffa hasta el Monte Sión. Si mira hacia el este en un día claro, podrá ver el Desierto de Judea e incluso las Montañas de Moab al otro lado del Mar Muerto.

Este parque cuenta, como es habitual, con árboles, flores y bancos para sentarse y contemplar el paisaje. Sin embargo, tiene algo que no se encuentra en todos los parques: tumbas de 2000 años de antigüedad. Este conjunto, conocido como la tumba de la familia de Herodes, parece una cueva excavada en la roca según las típicas cámaras funerarias con capacidad para varias generaciones que tenían los ricos de la época del Segundo Templo, justo bajo la piedra rodante que cubría la entrada. ¿Por qué una piedra rodante? De este modo, podría desplazarse fácilmente cuando hubiera que dar eterno descanso a los restos del tío Haim; después se cerraba y más adelante volvía a abrirse haciéndola rodar cuando le llegara el momento a la tía Sarah. Sin embargo, no espere encontrar dentro restos óseos: los ladrones de tumbas sabían bien si eran de ricos nada más verlas, y hace siglos que las saquearon. Por otra parte, Herodes tampoco fue muy afortunado: aunque esta tumba llevara el nombre del gran constructor de Jerusalén (al igual que muchas otras cosas que no tenían nada que ver con él), ninguno de sus grandes proyectos, incluido el Templo, lleva su nombre.

Puede pasear por el parque hasta enlazar con la calle Emile Botta, que le llevará de regreso a Rey David. En primer lugar, pasará por el Instituto Bíblico Pontificio, construido en 1927 en neo renacentista. Este instituto cuenta con un pequeño museo, donde por una módica cantidad podrá contemplar una momia egipcia auténtica.

La calle Emile Botta recibe su nombre de uno de los cónsules diplomáticos más pintorescos del siglo XIX en Jerusalén. Las actividades extraprofesionales de este francés dan que pensar acerca de su horario de trabajo. En el libro de Naomi Shepherd “The Zealous Intruders”, ésta es la manera en que un amigo describe la Nochebuena en la residencia de Botta en 1850: “Cena con Botta, atracón de hachís, delicioso, y el efecto de la música. A las 22:30 todos nos íbamos a casa borrachos como cubas y pasábamos una noche llena de sueños agradables”.

Dejando a un lado nuestros pensamientos sobre las noches de Botta, giramos a la izquierda por la calle Rey David y nos dirigimos hacia la entrada del Hotel Rey David. Construido entre 1929 y 1931 por la familia judía egipcia Mouseri, sus arquitectos (Emile Woodjet y Benjamin Chaiken) crearon un maravilloso monumento a la arquitectura colonial. Cada uno de sus salones públicos está hecho con un estilo diferente según el aspecto que estos arquitectos pensaban que debían de haber tenido los antiguos palacios de Oriente Próximo. En 1938, la parte sur del hotel se convirtió en centro administrativo del Mandato Británico. No encontrará ni rastro de la explosión que sacudió el edificio el 22 de julio de 1946, cuando fue volado por el ejército clandestino Etzl, matando a 91 personas en protesta por la política antisionista de los británicos. El Rey David, sinónimo de lujo asiático, atrae a personalidades de todo el mundo, cuyos retratos adornan las paredes de algunas de las habitaciones.

Por cierto, esta calle recibió su nombre de los británicos, inspirados por las sagradas escrituras, cuando gobernaron Jerusalén tras la Primera Guerra Mundial. El peculiar gusto de los británicos por los nombres bíblicos se hizo extensivo a otras partes de Jerusalén, como por ejemplo, la calle de los Profetas, la calle Jeremías y la calle Habacuc, entre otras.

Al otro lado de la calle hay un centro de la YMCA que no se parece a ningún otro del mundo, gracias a su arquitecto, Arthur Louis Harmon, que también diseñó el Empire State Building de Nueva York. Si el Rey David es todo un homenaje a Oriente Próximo, el YMCA no le anda a la zaga, ya que reúne 2000 años de estilos arquitectónicos: desde albañilería herodiana hasta las piedras entrelazadas rojas y beis típicas de los mamelucos del siglo XIII o el ángel estilo Art Decó que nos recibe en la entrada principal.

Harmon no es el único arquitecto famoso en todo el mundo que tiene un edificio en la calle Rey David. Su rival contemporáneo en busca de fama es un campus del Hebrew Union College-Jewish Institute of Religion (HUC-JIR) situado en la calle Rey David, n.º 13 y diseñado por Moshe Safdie (que más recientemente creó el nuevo Museo Yad Vashem de la capital). Cuando el municipio concedió inicialmente al seminario rabínico del Judaísmo Reformado estadounidense una pequeña parcela de terreno frente a las líneas de alto el fuego jordanas en una Jerusalén dividida, era difícil sospechar que el campus se acabara convirtiendo en el lugar de referencia que es hoy. En el centro del colegio encontramos ese elemento de Jerusalén por excelencia que es el claustro. Además de sus aulas para futuros rabinos, cantores litúrgicos, educadores y trabajadores comunitarios, así como su escuela de arqueología, el colegio contiene una biblioteca abierta al público y un museo arqueológico en el que se exhiben, entre otras cosas, los hallazgos de Tel Dan, una excavación del HUC-JIR.

Si seguimos bajando por la calle Rey David hacia el cruce con la calle Agron, llegaremos al Ciudadela de David, otro lujoso hotel de Jerusalén que ha sido un duro competidor para el hotel Rey David en los últimos años. Sin embargo, antes de llegar al Ciudadela de David, giremos a la izquierda hacia la calle Ben Shimon.

Otra calle a la izquierda pasado el Centro Gesher (centro de seminarios especializados en programación para subsanar la división ortodoxa secular) le llevará a un aparcamiento, al fondo del cual se encuentra el Centro Mundial para el Patrimonio de la Judería Norteafricana, situado en uno de los pocos edificios que quedan de un encantador barrio del siglo XIX, Mahane Israel. El interior se ha reformado según el estilo mozárabe, cuyo principal atractivo es un magnífico triforio adornado con delicados trabajos de madera y de escayola en bajorrelieve, así como zócalos de mosaico y paredes realizadas por albañiles llegados de Marruecos especialmente para este proyecto. Las salas que rodean el triforio se utilizan para conferencias y sesiones de estudio, así como para muestras de arte y folclore con el fin de difundir la prolongada y gloriosa historia de la Judería Norteafricana y para formar a las generaciones futuras sobre esta cultura.

¿Dónde vamos ahora? En función del tiempo y de sus inclinaciones, puede cruzar la calle Agron y dar un paseo por el Parque de la Independencia hasta la calle Salomón para llegar a la zona restaurada de Nahalat Shiva, en el centro de Jerusalén, donde le esperan amenas compras, buena comida e innumerables ocasiones de ver esperar a la gente. O también puede girar a la derecha en Agron y dirigirse hacia la Puerta de Jaffa para adentrarse en los mercados de la Ciudad Vieja.

 

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