Los acantilados blanquísimos de Rosh Hanikra y la belleza de la playa a sus pies nos ofrecen una vista magnífica. Sin embargo, la auténtica diversión empieza cuando se sube al funicular para realizar el descenso de dos minutos por este desnivel de 64 metros. Caminando por los túneles artificiales y contemplando la cavernas excavadas por las olas rompientes del Mediterráneo, apreciará la miríada de tonalidades del agua y el espectacular juego de luces y sombras que produce. Los curiosos sonidos que producen las olas al precipitarse al interior de la cueva y volver a salir nos hacen creer en la veracidad de la leyenda que cuenta que aquí se reunía una pareja de enamorados desventurados, y que la voz de la novia se puede oír aún. Rosh Hanikra también es el punto de encuentro entre las fronteras de Israel y Líbano; se puede ver el túnel excavado en 1943 para ampliar la línea entre El Cairo y Haifa hasta Beirut. Una presentación audiovisual breve que se proyecta en el propio túnel nos cuenta la historia de este lugar. No deje de recorrer la preciosa senda que cruza la playa de Rosh Hanikra. Empieza cerca de la entrada del túnel viejo (está abierta los días laborables desde una entrada independiente y los sábados desde su interior). Tampoco se puede perder el paseo en el “trenecito”.