Las
zonas más céntricas del país también están saturadas de historias que
tratan sobre los asentamientos en los siglos recientes y la lucha para
fundar el Estado de Israel. Uno de estos lugares interesantes es la “Cueva de Palmach” en el kibbutz Mishmar haEmek. La Cueva de Palmach es un enclave turístico activo, que ofrece una visita fascinante al lugar donde se formaron las unidades especiales de Palmach en los años previos a la creación de las Fuerzas de Defensa Israelíes.
A
principios del siglo pasado, e incluso antes, la cueva se usaba como
morada de los pastores beduinos, en su migración acompañando a sus
rebaños por las laderas de la meseta de Menashe. Cuando
el kibbutz Mishmar haEmek se trasladó a su ubicación permanente en
1921, el lugar se convirtió en lugar de juegos para los chavales del
kibbutz. En
1941, cuando se tomó la decisión de crear el Palmach, la cueva se
convirtió en la base de entrenamiento de sus unidades especiales. Aquí,
se reunían los combatientes de la Mistaravim (Sección árabe) que
trabajaban en los países árabes vecinos. Aquí es donde se entrenaba la
unidad alemana, cuyos soldados debían unirse a las unidades alemanas que
luchaban en el desierto occidental durante la segunda Guerra Mundial. Y
aquí es donde se realizó el censo del Palmach antes de partir para
llevar a cabo sus peligrosas misiones.
Con
la fundación del Estado de Israel, la cueva quedó desierta, hasta que
la renovaron en 1989 los miembros del kibbutz Mishmar haEmek, y la
convirtieron en un enclave de nuestro patrimonio que atrae a visitantes
de todo el país y del extranjero. (Vídeo de la cueva de Palmach)
Otro lugar que nos cuenta el relato de aquellos días es el “Campo de Detención de Atlit”. Durante
el Mandato Británico de Israel, el lugar se utilizaba como campo de
detención para los inmigrantes ilegales, aquellos judíos que habían
sobrevivido a los nazis durante la segunda Guerra Mundial y atravesaban
el mar en barcas desvencijadas para construir su hogar en Israel. Los
barcos de guerra británicos capturaban las barcas en alta mar y
llevaban a sus pasajeros (mujeres, ancianos y niños) a los campos de
detención de Chipre y Atlit. Los restos de las barracas del campo todavía se mantienen en pie. En
la actualidad, este lugar se puede visitar para ver una presentación
audiovisual y escuchar la historia de aquellos inmigrantes ilegales.