A pesar del clima extremadamente árido que caracteriza a la región de Nitzana, al suroeste de Beersheva, su paisaje arenoso muestra diversas clases de matorrales y de flores en invierno, lugares fascinantes y colectivos inusuales.
La diminuta Ezuz (formada por unas doce familias), acoge a visitantes y huéspedes para pasar la noche; una familia vende quesos de cabra hechos por ellos mismos, y los ecoturistas disfrutan en su posada de adobe. Una familia de Kadesh Barnea, cerca de la frontera con Egipto, tiene viñas, mientras que otra se dedica a la apiterapia (curación mediante picaduras de abejas). El Pueblo para jóvenes de Nitzana y su Centro educativo sirven de internado en el que se enseña hebreo a jóvenes inmigrantes, con un aula de naturaleza "abierta al exterior", un albergue y un centro de investigaciones sobre el desierto.
Por todas partes se percibe la presencia de la historia. Cerca de Ezuz hay un oasis natural en el que acampó el ejército turco durante la Primera Guerra Mundial. Los turcos también construyeron una línea férrea que aún se puede ver, así como un hospital al pie del Tel Nitzana. En lo alto de este monte se encuentra la ciudad de Nitzana, fundada por los nabateos, cuyas caravanas llevaban incienso y especias atravesando el Néguev desde Arabia hasta el Mediterráneo.
Pasados unos 15 km del cruce de Nitzana por la pintoresca carretera 10 que bordea la frontera podrá detenerse en un mirador desde el que se divisa Egipto, en dirección hacia la bíblica Kadesh Barnea, donde está enterrada la profetisa Miriam.