Pocos lugares hay en Israel alegres y festivos durante tantas horas del día y de la noche como Ramat Rachel, en Jerusalén. Aquí acuden actualmente turistas de todo el mundo para comer o para disfrutar de hermosas vistas sobre Belén y el desierto tomando una taza de café, mientras los residentes visitan el club de campo y el centro de convenciones, y se escucha la "voz del novio y de la novia" (y de sus invitados) casi todas las noches en su salón de banquetes.
La alegría es aún mayor si tenemos en cuenta que no siempre las cosas fueron así de agradables: el kibbutz Ramat Rachel, fundado en 1926, tomó el nombre ("el alto de Raquel") de su emplazamiento, desde el que se divisa la tumba de Raquel, que murió al dar a luz a Benjamín camino de Belén. En la actualidad se puede visitar su inusual yacimiento arqueológico, con esculturas modernas que crean un contraste fascinante con las ruinas de una fortaleza judaica del siglo VII, de un baño ritual judío, de un campamento militar romano y de una iglesia bizantina.
Otro lugar destacado es su olivar, que cuenta con 200 árboles y de donde emergen las Columnas de los olivos, dos pedestales de 10 m de altura obra del escultor Ran Morin. En lo alto de estas columnas crecen olivos vivos que simbolizan la paz y la prosperidad futura. Desde aquí se obtienen unas vistas extraordinarias del desierto de Judea, de las Montañas de Moab (lugar de origen de la Rut bíblica), de la célebre fortaleza de Herodiano y del Mar Muerto.