Israel ha alcanzado numerosos logros internacionales, pero uno de los más destacados para los amantes de la historia es la inscripción de cinco enclaves israelíes en la Lista de lugares Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO: la Ciudad Antigua de Acre, Massada, la Ciudad Blanca de Tel Aviv, la Ruta del Incienso (ciudades del Desierto del Néguev) y los “Tels” Bíblicos (Megiddo, Hazor y Beersheva).
Estos lugares tuvieron que cumplir los estrictos criterios de este organismo mundial para su inclusión en esa prestigiosa lista de 830 enclaves de todo el mundo, e Israel los promociona y protege cuidadosamente con el fin de garantizar su conservación para las generaciones futuras.
Acre se ganó su inclusión por su ciudad medieval maravillosamente conservada tanto en superficie como bajo el nivel de la calle, así como por ser un ejemplo destacado de ciudad otomana con excelentes vistas al Mediterráneo por cuyas murallas aún pasean los visitantes.
La UNESCO concedió este honor a Massada como símbolo de la identidad cultural judía y de la lucha humana por la libertad frente a la opresión. La construcción de Massada por Herodes el Grande también está considerada como una extraordinaria muestra de las primeras villas romanas, y las obras que los romanos construyeron alrededor para su asedio son las más completas del mundo. El Parque Nacional de Massada sigue mejorando en respuesta a su condición de lugar Patrimonio de la Humanidad, con un innovador museo de construcción reciente en el que se exponen algunos de los hallazgos más preciados de sus excavaciones.
La UNESCO también ha destacado la Ciudad Blanca de Tel Aviv por integrar las tendencias arquitectónicas del Movimiento Moderno en el entorno local. Los edificios de la Ciudad Blanca constituyen uno de los atractivos más recientes de Tel Aviv, como indican los grupos de visitantes y residentes que los contemplan en las calles Dizengoff, Rothschild y otras.
La Ruta del Incienso, con las ciudades del Desierto del Néguev, era la parte de la ruta del comercio de olíbano (incienso aromático) de 2500 km de largo que iba desde Arabia hasta el Mediterráneo y que atraviesa el Néguev israelí. Esta ruta, así como las ciudades que los nabateos construyeron a lo largo de ella hace unos dos mil años (Mamshit, Avdat, Haluza y Shivta, todas ellas fascinantes), transportaba no sólo valiosas especias, sino que también era un medio de intercambio ideológico y cultural. Las granjas que surgieron a su paso muestran cómo un pueblo (entonces y ahora) puede hacer florecer un entorno desértico hostil.
La UNESCO considera igualmente que los “Tels” Bíblicos (Megiddo, Hazor y Beersheva) son testimonio de los intercambios culturales producidos en las principales rutas de la antigüedad. Sus complejos sistemas de irrigación, que constituyen el principal atractivo de la visita a estos lugares, son muestra también de la inventiva y el espíritu de cooperación de las comunidades antiguas. Estas ciudades, con sus palacios, murallas y almacenes, son asimismo importantes vestigios de grandes civilizaciones antiguas que muestran la fuerza del relato bíblico.