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Ein Gedi - Dulce y Salado

Un jardín botánico que estalla en flores rojas, naranjas y blancas, lujosos tratamientos en balnearios, un baño en el Mar Muerto, animales exóticos, ruinas de sinagogas y cañones con cascadas que se precipitan al vacío... todo ello forma parte de la “comarca de Ein Gedi”.

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Ein Gedi - Dulce y Salado

El suelo de la antigua sinagoga de Ein Gedi contiene una inscripción misteriosa sobre un secreto que nadie de la comunidad debía revelar. Algunos estudiosos creen que se refiere a la producción de bálsamo, un aroma que valía su precio en oro que solía crecer antaño en las terrazas excavadas en los acantilados por encima del Mar Muerto. Pero después de visitar la comunidad moderna de Ein Gedi, un kibbutz en la ladera rocosa que se eleva sobre la masa de agua con menos altitud y más sales del mundo, no podemos evitar pensar que estas gentes tienen su propio secreto bien guardado: algunos de los paisajes más bellos y exóticos del país y una atmósfera mágica de dulzura y serenidad que hace que nos apetezca echar raíces aquí como los sorprendentes y enormes baobabs africanos que prestan su sombra a las praderas.

¿Se imaginaron alguna vez los sufridos colonos que este kibbutz que fundaban en 1956, rodeado de desierto y con fronteras extranjeras en tres de sus lados, llegaría a albergar un jardín botánico de fama internacional, un centro de bienestar especializado en tratamientos ayurvédicos, un restaurante gourmet y una hospedería de 180 habitaciones cuyas ventanas panorámicas ofrecen vistas a los magníficos cañones y las aguas azul verdoso del Mar Muerto? ¿Llegaron a pensar que vendrían aquí visitantes de todos los rincones de mundo a pasar un día, una semana o un mes en este lugar, y que luego volverían una y otra vez?

Seguramente sí; no en vano eran gente con visión de futuro. El kibbutz actual (con 500 residentes y prósperas empresas agrícolas, de agua mineral y turísticas) es la prueba viva del refrán que se atribuye a David Ben-Gurion: “Lo difícil lo hacemos de inmediato. Lo imposible nos lleva un poco más”. En los años sesenta, por ejemplo, el diseñador paisajista del kibbutz Eli Ron se inspiró en el baobab del relato de “El Principito” para intentar cultivar este árbol en Ein Gedi. Todos los expertos insistían en que no tenía ninguna probabilidad de éxito. Ahora hay 30 baobabs frondosos que crecen tal y como los describió el escritor Antoine de Saint-Exupéry, “tan grandes como castillos”.

Una visita a Ein Gedi, a algo más de una hora de Jerusalén en coche, puede empezar con una taza de café o un zumo fresco en el café de la casa de huéspedes, a la sombra de una “spathodea” de cuyas extensas ramas cuelgan flores de color rojo dorado a nuestro alrededor. Luego, daremos un paseo por los jardines botánicos, que ofrecen casi 1000 especies de todo el mundo, incluidos algunos cactus de Sudamérica que solo florecen unas horas por la noche y que atraen a los aficionados de todo el país para contemplar el espectáculo. Hay plumerias de flores fragantes (más conocidas como frangipán) que parecerían más adecuadas en una isla del Pacífico que en un trozo del desierto, y siete especies de su pariente, la magnífica rosa del desierto conocida en África como “la estrella de los impalas”. La mirra aromática, que crecía aquí en tiempos bíblicos y se ha trasplantado desde Etiopía, vuelve a florecer.

En la entrada del kibbutz Ein Gedi hay un centro de información, abierto siete días a la semana, donde le informarán sobre este jardín que crece en el propio kibbutz: en realidad, es el propio kibbutz. Los miembros y residentes que se encontrará por los caminos saludan con cordialidad a los visitantes. Amnon, el jardinero jefe, siempre está ocupado, pero si tiene alguna duda botánica que plantearle saltará de su motocicleta para escucharle.

Quienes observan con atención a los turistas afirman que a este lugar venimos por una hora y nos quedamos toda la noche, y que si venimos a pasar una noche nos quedamos dos. En la hospedería, podrá elegir entre distintos tipos de habitaciones. Las “habitaciones del desierto”, por ejemplo, están decoradas por artistas locales y tienen murales preciosos que representan la fauna de la zona. Por la mañana temprano hay que aprovechar para caminar por la parte superior del cañón de Nahal Arugot con cabras bezoares, conejos y algún que otro zorro como compañeros; si tiene mucha suerte, puede incluso llegar a ver por un instante alguno de los escasos leopardos moteados que habitan en las colinas. El resto del día se puede dedicar a explorar más allá. Nahal David está justo al norte de la casa de huéspedes; un paseo de 20 minutos por las sendas que hay bajo las cuevas donde según la Biblia se ocultó David del Rey Saúl nos llevará hasta la cascada centelleante de David. Una ruta más larga conduce hasta la cascada oculta de Nahal Arugot. Los senderos revelan el milagro del agua fresca en el desierto que convierte en verde todo lo que toca, y atrae a una miríada de aves y otros animales para darse un festín de vegetación y agua, mientras nuestro festín visual consiste en disfrutar del paisaje.

En Israel nunca estamos lejos de alguna de las joyas de la historia. En el entorno del desierto, los restos de Ein Gedi resultan especialmente fascinantes. Justo al otro lado de la plantación de dátiles del kibbutz se encuentra el suelo de teselas de la sinagoga de Ein Gedi, con su inscripción misteriosa y sus motivos de aves, animales y geométricos, la “joya de la corona” de la comunidad que prosperó aquí entre los siglos III y VI EC (era común). Un santuario de 5000 años de antigüedad se yergue en la ladera meridional de Nahal David. Es posible que los miembros de la secta de los Esenios vivieran en las sencillas moradas que se han encontrado en la falda de la colina.

La australiana Michelle Hechtman, que trasladó a Ein Gedi su hogar hace más de dos décadas, afirma que “este lugar te da algo que no se puede conseguir en ningún otro lugar”. Ante la insistencia para que describa qué es ese algo, suspira profundamente, señala el mar y las montañas con un amplio ademán y pronuncia una sola palabra: “magia”.

Más información: www.ein-gedi.co.il

 

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Accommodations

 
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