La ciudad de Tel Aviv siempre ha sido un crisol de culturas y estilos artísticos. En las décadas de 1920, 1930 y 1940 Tel Aviv era una ciudad joven y próspera inmersa en un proceso de cambios económicos, sociales, culturales y geográficos. Fue durante este periodo cuando se construyó la parte de Tel Aviv conocida como “La Ciudad Blanca”. Los arquitectos y diseñadores de la ciudad no podían imaginar que su elección del estilo de arquitectura Bauhaus acabaría convirtiendo a Tel Aviv en el mayor museo Bauhaus al aire libre del mundo.
Fue la “Ciudad Blanca” lo que incorporó a Tel Aviv a la lista de 56 ciudades históricas del mundo en 2003, convirtiéndose así en una de las pocas ciudades modernas en ser declaradas Lugar Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La “Ciudad Blanca” es un hermoso barrio residencial único situado en el corazón de Tel Aviv. Lo forman 4.000 edificios construidos durante las décadas de 1920, 1930 y 1940, de los cuales siguen en pie unas 1.000 construcciones. Estos edificios, diseñados por los mejores arquitectos de la ciudad, se basaron en el estilo Bauhaus surgido en Alemania tras la Primera Guerra Mundial. La filosofía del diseño Bauhaus pretendía crear un lenguaje arquitectónico nuevo y sencillo basado en formas limpias capaces de satisfacer las necesidades cotidianas de la gente.
En Tel Aviv, el estilo Bauhaus dio paso a otro típicamente israelí más adecuado al cálido clima mediterráneo y a la turbulenta atmósfera de la ciudad. Estos edificios sencillos, cuadrados y blancos buscaban una belleza austera mediante juegos de asimetrías entre distintas formas geométricas. Se construyeron azoteas circulares junto a ventanas cuadradas, tejados planos y altos pilares. Los techos eran más elevados y las habitaciones más grandes de lo habitual, y se abrieron grandes ventanales sobre el paisaje urbano a la agradable brisa del atardecer. En línea con la tradición israelí de cálida hospitalidad, las azoteas de estas viviendas eran lugares de reunión para los residentes y sus vecinos, así como para los amigos que pasaran por allí.
Los visitantes que acuden a Tel Aviv encontrarán estos edificios en la zona de las calles Rothschild, Bialik y Dizengoff, donde quedarán maravillados ante la belleza de sus casas y percibirán su gran contribución a la arquitectura de la ciudad.
El impacto de la Bauhaus no se deja sentir sólo en Tel Aviv. A finales de la década de 1920 se construyó una vía férrea para unir el territorio del Mandato Británico de Palestina a Jordania. Para ello, se construyó una estación de ferrocarril blanca de estilo Bauhaus en la frontera, con líneas despejadas y una cubierta que descansa sobre pilares cuadrados, redondeado por un lado y cuadrado por el otro. Esta estación sólo se puede ver mediante visitas organizadas que salen de la zona fronteriza entre Israel y Jordania. Las pintadas de las paredes incrementan aún más su valor histórico.