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Por la Orilla del Jordán

Una nueva experiencia en el río más famoso de la Biblia espera a los visitantes que llegan al Desierto de Judea, al norte del Mar Muerto.

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El aire está en silencio y la tierra amarillenta aparece surcada por tímidos tamariscos. La carretera pasa junto a edificios inhóspitos y abandonados y atraviesa por pasarelas elevadas; un león de Judea, símbolo de la Iglesia Etíope, ruge en silencio sobre un fondo alicatado en azul, señor solitario de todo lo que alcanza su vista. Ésta es la escena habitual cualquier día y mes normal en el río Jordán, cerca de Jericó.

Pero todo cambia durante la Epifanía, el día del Bautismo de Jesús, cuando “los cielos se abrieron, y vio cómo el espíritu de Dios descendía en forma de paloma y le iluminaba”. Festividad que los católicos romanos y las iglesias orientales celebran en momentos distintos del mes de enero, este día transforma la zona, ya que miles de peregrinos se congregan en el que se considera uno de los lugares más sagrados y menos visitados de Israel.

Este paraje suele conocerse por su nombre en árabe, Qasr Al Yahud, que para algunos significa “castillo de los judíos”. Otros consideran que “al Yahud” significa “los judíos”, pero que la primera palabra procede de un término árabe que significa “ruptura”. Así, éste no sería otro que el lugar donde los judíos “rompieron” las aguas, es decir, donde Josué les guió para atravesar el Jordán. Qasr al Yahud es también el nombre que recibe el lugar más destacado de la zona, el Monasterio de San Juan, del siglo V.

Se trata de un punto de encuentro de numerosas tradiciones, circunstancia habitual en Tierra Santa, que se remonta a los tiempos en los que los peregrinos no podían viajar libremente y a menudo permanecían en los lugares a los que podían acceder, frecuentemente en la frialdad de una cueva, para leer y reflexionar sobre las escenas bíblicas que habían tenido lugar en los alrededores. Entre otras tradiciones de la zona se encuentran, además del bautismo de Jesús por parte de Juan y del paso del Jordán por parte de Josué, el momento en que Elías fue alimentado por los cuervos y su ascensión al cielo.

Aquí, donde las aguas lodosas del Jordán fluyen formando tranquilos remolinos, con unos 3.5 metros de profundidad, se está tan cerca de la otra orilla que incluso podría hacer aterrizar en el otro lado un avión de papel en el regazo de un peregrino sentado en el muelle de madera, curiosamente colgado de dos salvavidas de color naranja, en la orilla jordana. El muelle conduce a un sendero y a una hermosa capilla con una pequeña cúpula dorada construida por los jordanos en el año 2000 debido a los antiguos relatos según los cuales aquí tuvo lugar el bautismo de Jesús, en la orilla oriental del río. Este lugar es un punto fronterizo pacífico entre Israel y Jordania desde 1994.

La excitación de hallarse en un lugar tan auténtico a tan sólo un tiro de piedra de donde predicó Juan el Bautista impresionará a los visitantes modernos más aún que a Mark Twain, que describió su visita aquí en 1867 en su libro Los inocentes en el extranjero: “Con el primer atisbo del amanecer todos los peregrinos se despojaban de su ropa y se adentraban en el oscuro torrente, cantando “En las tormentosas orillas del Jordán estoy / y contemplo con melancolía / la tierra hermosa y feliz de Canaán / donde están mis posesiones”. Pero no duraban mucho tiempo. El agua estaba tan espantosamente fría que se veían obligados a dejar de cantar y a salir deprisa y corriendo (…) Así que vimos el Jordán de forma muy mediocre”.


La vívida descripción de este célebre y obstinado escritor refuerza la inevitable impresión de que pocas cosas han cambiado desde el siglo XIX. Y ahí reside su encanto. Uriel Aharonov, ingeniero del Consejo Regional de Megilot – Mar Muerto que ha colaborado con el Consejo Regional del Valle del Jordán para crear las instalaciones turísticas de la zona, desea proteger esta autenticidad: “Salvo reforzar los muros existentes y una sencilla rampa de madera, no habrá ninguna otra construcción en la orilla, sino a cierta distancia. Y cualquier construcción se fundirá con los colores naturales de la zona”, explica Aharonov.


Mark Twain también expresó otra queja sobre el Jordán: “Sin embargo, después de la experiencia de entrar en el río, nos dimos cuenta de que muchas calles de Estados Unidos son el doble de anchas que el Jordán”. Cabe destacar que el momento del año en el que Twain lo visitó, al final de los ocho meses del periodo seco, es ahora el estado habitual del Jordán, debido a las extracciones de agua que desde la década de 1960 se realizan en el Mar de Galilea. Unido al Mar de Galilea por un Jordán mermado, el peculiar Mar Muerto también se está secando, lo que constituye un gran motivo de preocupación para los amantes de este paraje. Israel está estudiando diversas soluciones al problema, y según Aharonov lo ideal sería poner en práctica los planes actuales de montaje de plantas desalinizadoras en el Mediterráneo para que llegara más agua al Jordán: “El Jordán es algo más que un recurso hídrico”, explica Aharonov. “Es un símbolo insustituible para quienes aman la Biblia en todo el mundo”.


Abandonando el río Jordán y bajando hacia el sur por la carretera principal (Autovía 90) hasta el Mar Muerto, no se pierda otra de las joyas de la región, el monasterio de Dir Hijleh (nombre posiblemente relacionado con la Bet Joglá que se menciona en Josué 18:19, uno de los puntos fronterizos de la tribu de Judá).

Entre las sombras del claustro podrá encontrar familias cristianas de Nazaret haciendo picnic en una mesa o un grupo de turistas judíos que recorren el desierto en otra. Dentro de la iglesia, que data de 1885, los altares están adornados con fotos de enfermos que han dejado allí sus familiares para conseguir un milagro de curación por intercesión del fundador del monasterio, Gerásimo, líder de la primera marcha de cristianos al desierto. Este importante movimiento surgió del deseo de retomar la simplicidad de los primeros cristianos, una aspiración vigente hoy en día que con seguridad atraerá a numerosos visitantes a este prístino lugar situado junto al río más famoso del mundo.

 

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