La religión Bahai, cuyos lugares sagrados se encuentran en Israel, se inició en Persia a mediados del s. XIX, cuando su fundador Mirza Husayn Ali empezó a predicar sus principios básicos: la unidad de toda la humanidad y la revelación progresiva de la verdad religiosa.
Mirza Husayn Ali, conocido como Bahá-u’lláh, o Gloria de Dios, predicaba que a lo largo de la historia han aparecido profetas para revelar verdades espirituales, como Moisés, Jesús, Mahoma y otros muchos líderes religiosos. Preconizaba la creación de una sociedad armoniosa, ética y progresista, libre de prejuicios económicos, sociales y de género. Por sus creencias, Bahá-u’lláh fue desterrado a lo que en aquella época era un lugar de aislamiento: la Tierra de Israel. Vivió bajo arresto domiciliario en S. Juan de Acre, donde su hogar se convirtió en centro de peregrinación y, más tarde, en el lugar que actualmente es el santuario más sagrado de la fe Bahai, los Jardines Bahai, al norte de S. Juan de Acre, donde lo enterraron. Fue Siyyid Ali-Muhammad, más conocido como el Báb, (la “puerta”) quien anunció la venida de Bahá-u’lláh; en su país natal, Persia, lo consideraban un rebelde peligroso y lo ejecutaron en 1850.
El Santuario de Báb en Haifa, que actúa como un imán para los cinco millones de adeptos de esta fe de todo el mundo, es un monumento impresionante de arquitectura religiosa en medio de un jardín. Lo mandó construir en 1909 el hijo y sucesor de Bahá-u’lláh, que hizo traer los restos mortales de Báb para volver a enterrarlos aquí, donde también descansan sus propios restos. Las diecinueve sobrecogedoras Terrazas Báhai que ascienden desde los pies del Monte Carmelo hasta la tumba, con la magnificencia del paisajismo formal que aporta fluidez a las laderas de día y e iluminación inspiradora por la noche, han sido declaradas recientemente Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.