Tras una visita al Museo Rockefeller, los entusiastas de la arqueología no saben qué les ha fascinado más: este complejo magníficamente ecléctico o la exposición que alberga.
Fue el primer museo de antigüedades propiamente dicho de Jerusalén, construido frente a las murallas de la Ciudad Vieja por John D. Rockefeller en 1938. Combina arcos de piedra, cúpulas y patios al estilo de Oriente Medio con toques europeos como la biblioteca abovedada (que acepta donaciones), los pesados portones de madera de nogal y los elementos metálicos importados de Inglaterra.
Los anticuados expositores rectangulares que se alinean en las galerías parecen no haber cambiado desde la época del Mandato Británico, y recuerdan a las fotos antiguas de la “Sala de los Rollos” la estancia del edificio donde los estudiosos se dedicaron a investigar los Rollos del Mar Muerto en la década de 1950.
Estas urnas presentan muchos tesoros patrimoniales, en especial de las grandes excavaciones de principios del s. XX, como las de Gezer, Jericó y Beit Shean, por nombrar solo algunas. Rockefeller es la sede de la Autoridad Israelí para las Antigüedades. Su gestión depende del Museo de Israel, y también alberga exposiciones temporales.
Los amantes de la historia pueden deambular por las enormes y frescas salas durante horas sin dejar de maravillarse con todo tipo de objetos, desde monedas y joyas hasta mosaicos, estatuas o sarcófagos.
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