Desde que Moisés y Elías comulgaron con Dios en el desierto, muchas personas han buscado la soledad purificadora del desierto. Quienes desean encontrar la plenitud espiritual, ya sean profetas o personas corrientes, encuentran aquí todo lo que necesitan: cuevas habitables, manantiales de agua fresca y una ubicación lo bastante cerca de los pueblos y las carreteras para obtener provisiones, pero lo bastante alejada para garantizar la tranquilidad. Los monasterios en el desierto surgieron en el Egipto del siglo cuarto, como resultado del deseo de los monjes bizantinos de regresar a la simplicidad y emular a los profetas, a Juan el Bautista o a Jesús.
El Monasterio de Martirius, cerca de la autovía al este de Jerusalén, fue construido por el Patriarca Martirius de Jerusalén para donarlo al lugar donde había vivido en una cueva. Contiene restos de mosaicos coloristas y una antigua casa de huéspedes.
En la calzada de Jericó de la época romana, no lejos de la misma autovía, se encuentra el Monasterio de San Jorge, donde unos cuantos monjes del siglo IV se asentaron cerca de la cueva donde creían que los cuervos habían alimentado a Elías (1 Reyes, 17:5-6).
Deir Hijla, junto a la carretera del Mar Muerto a Beit Shean, lleva el nombre de Beth Hoglah (Josué, 15:6) y su fundador fue el monje bizantino San Gerásimo. Su pintoresca iglesia y el monasterio se reconstruyeron en 1890, y a la sombra del patio hay mesas donde las familias de la zona acuden a comer al aire libre.
Al sur de Jerusalén, en el borde del Desierto de Judea se encuentra el monasterio del siglo VI Mar Elias, que lleva el nombre de Elías porque según la leyenda descansó aquí después de huir de Jezabel (1 Reyes, 19:3). Desde aquí se divisa una magnífica vista de Belén, el área herodiana y el desierto. Al este de Belén se encuentra Mar Saba, accesible en vehículos con tracción a las cuatro ruedas. Se trata de uno de los monasterios más antiguos del mundo que todavía está habitado. También aquí los monjes vivían en cuevas y el monasterio se construyó después cuando su fundador Mar (San) Saba adquirió fama. Los visitantes pueden bajar andando hasta el complejo del acantilado, que las mujeres pueden contemplar desde la Torre de las Mujeres. Los hombres, en cambio, pueden entrar a ver la iglesia y los restos conservados de San Saba.