Un paseo por Betseán es como recorrer un capítulo de la Historia. Entre las casas de los pobladores, modernos edificios públicos y novedosos centros comerciales, se pueden ver edificios antiguos en los que funcionan instituciones públicas, sitios arqueológicos y restos imponentes distribuidos por la ciudad. Betseán, uno de los sitios más antiguos de Israel, es una perla histórica que nos narra tiempos fascinantes. Su apogeo se nos revela en el Parque Nacional ubicado al norte de la ciudad.
Las primeras poblaciones humanas de Tel Betseán datan del calcolítico (hace 5000-6000 años). El lugar fue conquistado en numerosas oportunidades. Hace aproximadamente 3500 años fueron los egipcios; unos siglos después pasó a manos de los filisteos (fue aquí donde colgaron el cadáver del rey Saúl después de la batalla de Gilboa, 1 Samuel, 31:8-11); después fue incluida en el reino de David y de Salomón, hasta que fue incendiada, aparentemente por el rey de Asiria (en el año 732 a. C.).
Betseán fue fundada nuevamente hace unos 2300 años, como una ciudad helena llamada Escitópolis (ciudad de los escitas), y en el periodo romano que siguió se extendió hacia al Sur hasta llegar a su apogeo en el siglo V, cuando según las estimaciones era habitada por aproximadamente 35.000 personas. Los restos de la suntuosa ciudad pueden apreciarse claramente en el centro del Parque Nacional Betseán, uno de los más hermosos e impresionantes del país. En su parte Norte se encuentra Tel Betseán, el sitio de la ciudad antigua; al Sur y al Este están los restos de la Escitópolis romana y bizantina, que dan cuenta de su gran riqueza. Ocupaba una superficie de aproximadamente 150 hectáreas y aún pueden verse restos de la muralla que la rodeaba. También se han hallado en el Parque varios edificios imponentes, entre los que se cuenta un anfiteatro (usado hoy en día para eventos y espectáculos), un baño (el más grande que se haya encontrado en Israel), dos calles con fastuosas columnas, un santuario romano, una fuente (ninfeon), una gran basílica que indicaba el centro de la ciudad y un mosaico restaurado en el que se puede ver a la diosa Fortuna sosteniendo la cornucopia. La ciudad siguió su apogeo algunos años más, pero comenzó su decadencia y tras la conquista árabe se redujo a una pequeña aldea.
Con la creación del Estado de Israel fue repoblada con nuevos inmigrantes, contando actualmente con 18.000 habitantes. En el marco de los confines municipales de la moderna Betseán hay, como ya se dijera, otros hallazgos arqueológicos, entre los que se encuentra el anfiteatro (hipódromo), una casa de una familia pudiente del periodo bizantino, y los restos de un puente romano sobre el río Harod, que fluye junto a la ciudad. En otra parte de la ciudad hay restos de periodos posteriores, entre ellos los de una fortaleza cruzada, una mezquita mameluca, el edificio del gobierno turco y algunas casas de piedra basáltica de la época árabe. En los alrededores abundan los manantiales y, por consiguiente, en sitios de ecoturismo; se recomienda visitar el nuevo albergue juvenil, uno de los más impresionantes de Israel.