Las
tribus cananitas fueron las primeras en asentarse en Israel y se
convirtieron en sus principales habitantes hasta el segundo milenio a.C.
Ya por entonces la zona era lugar de encuentro de diferentes culturas:
Egipto al sur, Mesopotamia y Asia Menor en el norte. Durante el segundo
milenio a.C., varias tribus iniciaron la invasión del país, como los
filisteos, que llegaron del Egeo y se asentaron en las llanuras costeras
meridionales, y los hebreos, que, procedentes de Mesopotamia, se
instalaron en las colinas.
Los
hebreos, conocidos como los Hijos de Israel, formaban las doce tribus
que se unieron hacia finales del segundo milenio a.C. a instancias del
primer rey de Israel, Saúl. Su sucesor, David, amplió las fronteras del
país y convirtió Jerusalén,
ciudad que hasta entonces había sido jebusea, en su capital. Fue aquí
donde su hijo, el rey Salomón, construyó el Templo del Arca. Tras la
muerte de Salomón, el territorio se dividió en dos, de manera que las
diez tribus del norte se establecieron en el reino de Israel y las otras
dos en el reino de Judá, en las colinas de Jerusalén. En el año 721
a.C., el reino de Israel fue conquistado por los asirios, lo que llevó
al exilio a esas diez tribus y a que desde entonces se las haya
considerado “perdidas”. Por su parte, el reino de Judá cayó en manos de
los babilonios en 586 a.C., lo que supuso la destrucción del Templo y el
primer exilio de los Hijos de Israel a Babilonia.